jueves, 7 de julio de 2011

Ven y mira: Perturbadoras miradas nihilistas del nuevo milenio


El pasado mes de mayo, por razones ajenas al organizador, no se pudo llevar a cabo el maratón de Jorge Grajales en el Centro Cultural José Martí y tuvo que posponerse hasta finales de junio. Pero la espera valió la pena. Con la idea de mostrar una selección de películas que retraten la visión nihilista de la primera década del presente milenio, pudimos gozar con morbo y repulsión de violencia, pobreza, crímenes y muertes al por mayor.


La noche arrancó con El hogar de mis sueños (Wai dor lei ah yut ho, Pang Ho-Cheung, Hong Kong, 2010), que nos muestra los extremos a los que una persona puede llegar para conseguir una casa en nuestros tiempos. Comienza con una noche de asesinatos en un edificio de condominios, en el que una joven se pone a matar a los ocupantes de un par de departamentos sin motivo aparente, al más puro estilo de villano de slasher movie. Simultáneamente, se desarrolla la historia del pasado de esta chica, en el cual vemos el origen de su deseo por un lugar con vista al mar y las circunstancias que la llevan a cometer crímenes, con la revelación final del verdadero (y muy astuto) motivo.


Luego vimos Yo soy dios (Naan Kadavul, Bala, India, 2009). Dios es de carne y hueso, tiene una melena digna de un comercial de shampú, está bien mamado, se la pasa fumando opio y, claro está, ignora a sus súbditos a menos que éstos lo arrastren a la acción, aunque al final sólo puede ayudarles a morir. O al menos eso es lo que cree un hindú que fue abandonado por su padre en su niñez y creció con una secta de Aghoris, también cree que al percibir la maldad en alguien cerca de él adquiere superfuerza para ajusticiarlo, por lo cual se la pasa propinando buenas golpizas a quienes considera malvados. La cinta también es un descarnado retrato de la explotación a los pordioseros, en particular de aquellos con discapacidades y deformaciones físicas.


Para continuar pudimos ver El extraño circo (Kimyô na sâkasu, Sono Shion, Japón, 2005). Abordando el tema del incesto y la pedofilia, nos cuenta la historia de una niña a la cual su padre la obligaba a presenciar el acto sexual con su madre, hasta que las hizo intercambiar papeles. La madre muere accidentalmente y entonces ella ocupa su lugar. O al menos eso parece, ¿o se trata de una novela escrita por una autora confinada a una silla de ruedas? ¿Acaso la novelista está escribiendo sobre su niñez? ¿Y qué papel juega en todo esto su nuevo asistente? La película iba muy bien hasta que le dan el giro de la escritora, luego nos marea en exceso para terminar con una representación muy típica y exagerada de la locura en más de un personaje.


La siguiente función fue El carnicero (The Butcher, Kim Jin-Won, Corea del Sur, 2007). Digamos que es una película snuff en primera persona, o algo así. Un grupo de realizadores de este tipo de filmes tiene a cuatro víctimas, cada uno con una cámara amarrada a la cabeza para poder mostrar las torturas desde su perspectiva. También cuentan con un par de cámaras más para grabar la acción desde otros puntos de vista. Lo malo de este tipo de película es que se reduce a mostrar escenas escandalosas y choqueantes, así como a narrar una historia de ¿se salvará o no? y termina siendo un tanto tediosa. Y la perspectiva está mal, se nota que la cámara no estaba realmente sobre la cabeza del "actor" pues más bien muestra lo que verían sus ojos. En fin, no la volvería a ver. Aunque me da gusto saber de ella, así nadie me la contará.


Para terminar con broche de oro, Una película serbia (Srpski Film, Srdan Spasojevic, Serbia, 2010). Miloš es un actor porno retirado (aunque luego nos enteramos que suele prostituirse cuando necesita un dinerito extra) que recibe una tentadora oferta: participar en una cinta porno "de arte" a cambio de una cantidad exorbitante de euros. Lo único raro es que no le dan guión y no le dicen de qué se trata. Renuente pero con esposa, hijo y necesidades materiales, acepta. Pero cada vez se ponen más raras las cosas: lo hacen tener sexo en frente de una chavita, propician que le pegue a su compañera actriz. Consternado, decide renunciar, pero es demasiado tarde. Él y su familia se ven atrapados en una espiral descendente de violencia, sexo, pedofilia, necrofilia, asesinato, violación y uno de los conceptos más depravados que he escuchado en cualquier película: newborn porn. A pesar de la sordidez y lo grotesco de lo retratado, el filme logra ser también conmovedor y se presta como material para reflexión. Una auténtica joya transgresora que no puede ser fácilmente olvidada.

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